La emociones son gaseosas e irrelevantes...

Actualizado: 3 de mar de 2020


Las emociones y el mundo sensible interior nos colapsan con mucha facilidad. ¿Por qué?

El mundo sensible es resultado de una situación. Es lo que esa situación produce en términos totalmente eventuales y efímeros.

Estoy con una persona que me agrada y esto me produce una experiencia placentera. Se configura a partir de ello una experiencia que da como resultado emociones y sentimientos vinculados al placer.

Se va esa persona y de repente me encuentro con alguien que no me agrada en absoluto y esa nueva configuración da como resultado un malestar sensible, no placentera. Se esfuma el buen estar. Luego quizá, abandono a esta persona y me llaman por teléfono y me comunican que tengo un trabajo que había solicitado y que deseaba profundamente y se me configura una emoción otra vez placentera y eufórica. Al rato me llaman y me dicen que en realidad se habían equivocado de nombre en la lista, que confundieron el lugar número 11 con el 10 y que no me darán el trabajo. La situación configura un disgusto, una experiencia más cercana al dolor que al placer, desmotiva, produce energía dolorosa.

Así pasamos las horas y los días. Pensando y trabajando para estar siempre en situaciones placenteras, porque se vincula la vida con el sentirla placenteramente. La monoforma preferida para estar en la vida.

Leo el libro “Superinteligencia” de *Nick Bostron en sus primeros capítulos, donde hace una rápida historia del desarrollo de la Inteligencia Artificial. Cuenta el primer período de entusiasmo con su aparición, que comenzó en 1956, en el Dartmouth College, cuando comenzaron a comprobar que “los métodos que produjeron éxitos en los primeros sistemas de demostración solían también ser difíciles de extender a una variedad más amplia de problemas o a ejemplos de problemas más complicados”. Y que “una razón (del primer declive) fue la explosión combinatoria de posibilidades a la que los primeros sistemas no respondían adecuadamente”...es decir que “estos métodos funcionan bien para los casos sencillos de un problema pero fracasan cuando las cosas se ponen más complicadas”.

Párrafos más adelante agrega que “el rendimiento de estos primeros sistemas también sufrió por los deficientes métodos para manejar la incertidumbre”

Pensaba mientras leía, que bien podemos decir que nuestra inteligencia funciona muchas veces como esta inteligencia artificial primitiva. Tiene serias dificultades para “manejar adecuadamente problemas complicados”, “situaciones de incertidumbre” e intensas experiencias sensibles que desencadenan ese tipo de “explosión combinatoria” de información desde nuestro interior cuando vivimos una experiencia medianamente intensa.

Pero ¿esto es algo inevitable? ¿Somos así de precarios?

Pensemos en un proceso de enamoramiento que seguramente todos hemos vivido alguna vez. O así mismo, pensemos en un conflicto de ruptura con alguien. Ambas situaciones producen saturaciones de nuestro sistema inteligente que en cada caso debe forzar su capacidad de procesamiento de los datos. Nos ocupa completamente y parece que poco podemos hacer para gestionar esa experiencia que nos abruma de placer o de incertidumbre conflictiva.

Pero ¿por qué pasa esto si la inteligencia humana es altamente sofisticada según sabemos, justamente por los modelos de replica que intentan emularla?

¿Por qué funcionamos con una especie de inteligencia torpe y poco eficiente cuando se trata de la experiencia sensible y emocional?

¿Podemos fabricarnos algún protocolo de inteligencia para vivir este tipo de cosas?

Nos gusta compartir en Facebook un buen momento, quizá una foto de estar pasándola pipa: Aquí con fulano, mengano y sultano pasándola supermegabien.

Responden nuestros amigos: Oh, qué envidia fulano. Yo también quisiera estar ahí. ¡Qué bien que te la pasas!

Momentos agradables dignos de compartirse pero también la fantasía del continuo buen vivir muy vinculada a situaciones donde hay ausencia de dolor y de conflicto, es decir, donde la circunstancia en la que se está inmerso es de puro placer.

La vida parece estar más ahí que en una bronca con un colega. No sacamos una foto y ponemos en facebook: Aquí, de cabreo brutal con mi amigo Paco. No! ese momento no es para ser retratado, no lo merece ni se nos ocurriría como ejercicio reflexivo. El dolor es síntoma de que la situación que lo produce no merece ser retenida pero además, debe ser evitada, terminada cuanto antes.

Pero estas emociones y sentimientos de dolor, también son parte de la vida. Lo sabemos. Y es en ellos donde se activa más la “inteligencia e imaginación”. Se activan de otra manera y se disponen a poder gestionar esa rareza, a reconfigurar esa embarazosa situación.

La inteligencia y la imaginación, son los que permiten salir de esa “básica” y “elemental sensibilidad dependiente”: "en el placer me quedo, del dolor me marcho" parece decir una oculta instrucción social.

El acelerado crecimiento de la presencia de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas, permite ver el lado contrario de las cosas. Las máquinas inteligentes (no emocionales ni emocionables - al menos por ahora), son puros procesos inteligentes, toman decisiones y ejecutan operaciones.

Nadie le dice al ordenador cuando renderiza un video o se pone a hacer operaciones complejas “mira tú, ahora te has puesto a pensar para hacerme daño. Sabes perfectamente que tengo que terminar esto para la noche!

Aún no establecemos una relación sensible en términos humanos.

Pero tampoco el ordenador se inmuta cuando pone su inteligencia en marcha, no sufre ni se altera sensiblemente. Es eficiente. Hace lo que sabe.

Los humanos solemos apoyar nuestra evidente (aún) superioridad en que (aún) podemos resolver situaciones de enorme complejidad que (aún) la Inteligencia Artificial no puede resolver. Pero a veces, a nuestra máquina humana, no le vendría nada mal priorizar los procesos inteligentes e imaginativos a los sensibles, ya que depender del vaivén de estos, nos hace muchas veces vulgares, torpes, poco lúcidos, mal enredados en las relaciones sociales e inoperantes para disfrutar de las decisiones.

No sé si es realmente útil tener esa inerte preferencia en comportarse como máquina inteligente en lugar de máquina emocional o máquina imaginativa. Depende de lo que deba gestionar. Sentir mucho no es sinónimo de que la experiencia y lo que de ella deriva no es más verdadera.

Los tres son procesos humanos y no me siento más vivo por sentir que por inteligir que por imaginar. Depende de la situación y debo confesar de que suelo dar más prioridad a la inteligencia y a la imaginación ya que estos gestionan muy bien las emociones y no así a la inversa.

Las emociones, son el simple resultado de efímeras circunstancias. Son un indicio, una huella sensible, un indicador de un conjunto. Una realidad gaseosa muy poco fiable para construir estados duraderos. Su escencia es la variabilidad.

Si apoyamos nuestra existencia en ellas como referente fundamental, no hay más que vernos, somos bastante torpes, mejoramos muy despacio nuestra condición, resolvemos con deficiencia las situaciones y estamos habitados continuamente por fantasmas emocionales que entorpecen nuestra poderosa inteligencia y nuestra más que fascinante imaginación.


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